Siempre me sentí orgullosa de mi misma al no haber sucumbido al enamoramiento y a la tonta reverencia excesiva que parecen tener todos los fashion bloggers con Diane Kruger. Aunque le reconocía méritos, y no negaba su capacidad de verse absolutamente siempre perfecta, me molestaba mucho que sus únicas apariciones públicas fueran por motivos ajenos a los que debe tener una actriz, al fin y al cabo. Verán, para mi, Diane Kruger representaba todo lo que un ícono de la moda no debe ser, un envase bello pero vacío cuyo único mérito era lucir Chanel a toda hora y llevar con elegancia posibles desórdenes alimenticios.
Asi pensaba hasta la semana pasada, en que la vi en la película de Tarantino Inglorious Basterds. No voy a decir que es una película que me cambió la vida, claramente, y aunque esperaba con más expectación la aparición de Melanie Laurent (nuestra it girl de julio pasado), la aparición de Kruger como una actriz-diva-espia de la Alemania Nazi me hizo ver todo lo que no había visto antes en ella. Boquiabierta como un niño de 5 años, me di cuenta que de lo que tiene Kruger como ventaja: Es una de las pocas mujeres en el cine actual que tiene esa característica inasible, difícil de definir, que tuvieron Marlene Dietrich, Greta Garbo o Audrey Hepburn. No es sólamente que "la cámara las ama" o frases clichés de ese tipo. No es sólo belleza o glamour. Sólo sé que hoy en día, incluso en super estrellas como Angelina Jolie o Penélope Cruz yo no había encontrado "eso". Hasta ahora. Es así fue como me convertí en una fan, quizás la última convencida, de la señorita Kruger.
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domingo, 7 de febrero de 2010
I ♥: Diane Kruger (aunque antes la odiaba)
Publicado por
coni
en
10:53
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Etiquetas: Diane Kruger, I love
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